En voz del experto

Accionistas Pasivos VS Accionistas Activos, ¿Mito o Realidad?

*Por Lic. Luciana Molina Menéndez

Muy seguido, dentro del ámbito y lenguaje empresarial y de negocios, escuchamos mencionar la existencia del accionista pasivo y del accionista activo, sobre todo, en las empresas familiares; pero, ¿A qué se refieren dichas figuras? Accionista Pasivo es aquél propietario de cierto número de acciones de la empresa, pero que no representa voz ni voto al momento de tomar decisiones sobre el rumbo del negocio, mientras que el Accionista Activo es aquél que igual es dueño de acciones, pero con derecho a voz y voto en la toma de decisiones.

El mito en torno a la supuesta rivalidad existente entre estas dos figuras, si bien no es una situación que se da en el 100 por ciento de los casos, es algo que efectivamente sucede con frecuencia, y se puede convertir en un problema que termine por quebrar la empresa si no es abordado a tiempo y con las medidas adecuadas.

¿Cómo llega a suceder esto?

Un grave error que se comente en el seno de las empresas familiares es brindar poca o nula información sobre la marcha de la empresa a aquellos miembros familiares que son propietarios del negocio pero no se desempeñan dentro de él o son considerados “accionistas pasivos”; ya que dicha falta de conocimiento sobre el estado de la misma, lleva a la duda y la especulación sobre las formas, modos y transparencia en la administración y dirección del negocio, situación que termina en la formación de “grupos o aliados” que constantemente se enfrentan con intereses contrapuestos, provocando tensión y ruptura entre las relaciones de los mismos, trayendo como consecuencia, además de un daño, casi siempre irreparable, en la armonía familiar, una inestabilidad en la empresa que termina dividiéndola o quebrándola.

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En este sentido y haciendo énfasis en un sabio refrán Hindú que dice… “el conocimiento lleva a la unidad, como la ignorancia a la diversidad”,… mantener informados sobre el estado de la empresa a los “accionistas pasivos” resulta indispensable para procurar la permanencia de la misma en el tiempo, ya que propicia relaciones de confianza, seguridad y certeza entre los accionistas, lo que trae como consecuencia inmediata una estabilidad y orden en la dirección de la propia empresa. Estructurar un Consejo de Familia es una buena estrategia para lograrlo.

El Consejo de Familia es un órgano familiar cuya función principal es fomentar entre los miembros familiares una sólida comprensión del negocio y de las relaciones familia-empresa. En él los propietarios de la empresa familiar se reúnen a fin de expresar, valorar, informar y debatir sobre la situación de la empresa y sus necesidades, expectativas e inquietudes en relación a la misma. Una de las múltiples ventajas que aporta éste órgano es que si bien los “accionistas pasivos” y personas relacionadas a éstos, se sienten tranquilos porque conocen el estado de su patrimonio e incluidos en la gestión del mismo, no es un órgano que repercute o se vincula directamente a la operación de la empresa, si no que busca mantener a los familiares en armonía mediante el diálogo y el consenso, de modo que los miembros familiares propietarios se encuentren alineados a los intereses del negocio.

El proceso de Institucionalización de la empresa familiar es inminente y necesario para lograr que ésta sea longeva y trascienda con éxito a lo largo del tiempo. Diseñar y estructurar un Consejo de Familia es una excelente plataforma para comenzar a recorrer el camino que lleve a obtener dichos resultados.

*Directora del Centro de Investigación y Desarrollo IGOME

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