Bajo la lupa

La transición energética

Por: Pablo A. Cicero Alonzo

Somos testigos de una situación inédita. Durante décadas, el gobierno asumió el monopolio de la energía, en todas sus facetas: desde la extracción hasta la venta. Una serie de cambios en las leyes hacen que esta situación cambie radicalmente.

¿Cómo afrontaremos ese nuevo escenario? El último gran cambio de este tipo fue político, y lo protagonizó Vicente Fox Quesada. El primer presidente de la república que no era priista levantó muchas expectativas. Llegó rodeado de esperanzas, y se marchó sin pena ni gloria. la desilusión llegó al grado que muchos entonces sintieron añoranza por el pasado que ellos mismos habían enterrado a fuerza de votos.

La fallida transición política nos deja muchas lecciones para enfrentar a la energética que viene. En primer lugar, la apertura de este sector debe cambiarlo radicalmente… Para bien. La competencia generará un mercado más competitivo, que redundará en mejores precios y servicios. Sin embargo, si los nuevos actores no son conscientes de las necesidades de sus clientes, de poco servirán los cambios. Por ejemplo: uno de los clientes frecuentes de la Profeco es la CFE. Los usuarios echan de menos una atención que por lo menos vaya en concordancia con lo que pagan. Los cambios a la ley permitirán, en un futuro, la posibilidad de elegir. Si las nuevas opciones no se rigen por las leyes de mercado más básicas, se registrará un desazón gatopardiana, en el que la sensación será que todo cambió para mantenerse igual.

En el génesis de la reforma energética también hemos sido testigos del entusiasmo mostrado por la iniciativa privada yucateca. Un ejemplo de lo anterior es la apertura de La Gas, la primera cadena de estaciones de recarga de combustible que no lleva los colores de Pemex. La Gas es un esfuerzo titánico liderado por el corporativo dirigido por Emilio Loret de Mola Gómory, y en el participan otras empresas peninsulares. Es una apuesta al futuro, un salto de fe, que hasta el momento parece acertado. ¿Quién iba a decir que Yucatán se convertiría en punta de lanza de uno de los cambios legales más importantes de las últimas décadas? Aquí se hizo historia, al dar la oportunidad de elegir entre dos opciones para cargar gasolina o diésel.

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Yucatecos también han participado de manera activa en las licitaciones para generar energía eólica y solar. Grandes, millonarias granjas de viento se planean erigir en los próximos años en el Estado. Ahí se generará energía limpia, capaz de alimentar esta región e incluso otras. En este rubro, en contraste, no somos pioneros. Desde hace años, por ejemplo en Oaxaca, los recursos naturales ya se han consolidado como una opción atractiva y rentable para generar electricidad. Conocer errores y aciertos de quienes abrieron brecha es una ventaja. En Oaxaca, el principal problema fue social, ya que las empresas que ahí se instalaron para ordeñar las nubes no fueron capaces de socializar de manera óptima el proyecto. Los propietarios ancestrales de las tierras en las que se instalaron los modernos molinos consideraron abusivos los términos en los que llegaron los promotores del proyecto. La mayoría de los habitantes del sector donde se pretendía cosechar el viento eran de origen indígenas, mientras que las empresas que arribaron eran españolas. Quinientos años después, muchos aún utilizaron el término “conquista” para definir, con alarmismo, lo que ahí sucedió. Con este antecedente, las empresas que quieran instalar granjas eólicas en Yucatán deben ser sensibles al momento de socializar el proyecto; deben hacer parte del mismo a los pobladores de las regiones en las que se instalarán. Aliados, no enemigos. Por su parte, las plantas generadoras de energía solar deben ser respetuosas con el medioambiente. Parece una paradoja, pero hay que recalcar que para absorber la energía del sol se necesitan grandes extensiones de tierra. Ahí se instalan los paneles y se distribuye lo captado. Algunas de estas granjas de sol arrasan toda la vegetación, generando energía limpia a través de verdaderos ecocidios. Los proyectos, entonces, deben ser realizados pensando en todos estos aspectos.

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Yucatán, con estos antecedentes, parece ubicarse en el epicentro de la transición energética de nuestro país. Situación surreal, teniendo en cuenta las importantes carencias energéticas que se sufren en el Estado. ¿Hay pocas industrias en Yucatán porque no hay energía? ¿O no hay energía en Yucatán porque hay pocas industrias? Un círculo vicioso que hay que erradicar, hoy más que nunca. El arribo de nuevas compañías, encabezadas por Grupo Modelo, obligan a tomar decisiones urgentes.

La incipiente industria local necesita energía, y sin un plan para alimentarla, éstas buscarán nuevos horizontes. La urgencia, empero, no es sinónimo de prisa. Expertos deben opinar sobre cuál sería la mejor manera de abastecer al Estado de la energía que requiere. Y ese mejor abarca aspectos económicos y medioambientales. La decisión debe tomarse igual de una forma transparente, mediante licitaciones públicas, que deje a todos satisfechos. La apertura energética no puede convertirse en una oportunidad para hacer negocios opacos, sucios, en donde unos pocos –los mismos de siempre– se froten con voracidad las manos. Esta transición será fallida si se convierte en un festín, en una reunión de corruptos. El fin de todos estos cambios es procurar un mejor servicio y precios más competitivos a un mercado que durante generaciones ha sido tratado con desdén. Y ese mercado lo conformamos todos: desde la familia que paga la luz de su hogar hasta las grandes fábricas que requieren para funcionar grandes cantidades de electricidad. Que este cambio no se salde con una llamarada de petate, tal y como sucedió con Fox.

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