Bajo la lupa

Presupuesto 2016

Paga lo que debes

Por *Pablo A. Cicero Alonzo

No es lo mismo repartir aves de traspatio o televisiones digitales que promover la llegada de grandes empresas que generen empleo. Tal vez en ciertos sectores de la población, la entrega de esos «apoyos» —eufemismo de dádivas— signifiquen una mejor calidad de vida, pero no resuelven la miseria que los envuelve; son sólo un paliativo, un suspiro. Crear, sin embargo, las condiciones para que se consolide y crezcan las oportunidades de empleo, en contraste, sí que cambia radicalmente la situación.

Pero eso ¿lo saben los políticos? Tal vez sí, tal vez no; hay que hacérselos saber. Ahí radica la importancia de que la sociedad se involucre de una manera más activa en la elaboración y gasto del presupuesto gubernamental. Los políticos —y eso lo sabemos por experiencia propia; lo hemos sufrido en nuestras carnes— no son por lo general buenos administradores.

Sabrán moverse, como nadie, por los vericuetos del poder. Serán expertos en alianzas y en conjuras; incluso, en golpes de efecto mediáticos. Sin embargo, a la hora de planear y de ejecutar un presupuesto dejan mucho que desear.

Y lo anterior es fácil de explicar. Nuestra casta gobernante está formada por hombres y mujeres que adoptaron el ejercicio público como forma de vida; por lo general, siempre han vivido del presupuesto, del dinero ajeno. Y está bien. Igual lo hacen maestros, policías, soldados, médicos, sacerdotes…

Nunca han tenido que arriesgar recursos propios levantando un comercio o una empresa; jamás se han visto en la disyuntiva de cobrar o de pagarle a sus empleados. Desconocen, en la mayoría de las ocasiones, ese sentimiento de impotencia que se tiene cuando un cliente no paga, y no paga, y no paga.

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Son excepciones los gobernantes que han conjugado la experiencia política con la empresarial, pero aún así, con este doble papel, tienen problemas al obtener y gastar recursos públicos. Ven al municipio o al Estado como una empresa, y se olvidan por lo general de las cuestiones sociales.

Hay que buscar un equilibrio; un contrapeso. Una combinación entre lo social y lo eficaz. La sociedad se organiza de diversas formas. Entre los grupos con mayor experiencia y fuerza se encuentran los gremios empresariales, que durante generaciones han defendido sus intereses y los de su comunidad.

El pensamiento y el actuar de un empresario o un comerciante es pragmático: «Si le va bien a la sociedad, a mis clientes, me va bien a mí»; «si ellos tienen dinero, me compran, si estudian, tengo mano de obra capacitada». Así de simple. Un ecosistema, muy básico, en el que todos ganan.

Claro, como en todo, hay excepciones y en determinados momentos y circunstancias las cosas se complican. Por ejemplo, las compañías farmacéuticas se enriquecen con el dolor, la enfermedad; las grandes cerveceras, con el alcoholismo y con el consumo masivo. A las empresas de vigilancia les va mejor en ciudades inseguras. Pero lo anterior, repito, no es la regla.

Entonces, tenemos por un lado a los políticos, manirrotos, cuestionables y cuestionados administradores, y, por el otro, a la sociedad, curtida en eso de trabajar duro para subsistir y acostumbrada a quejarse de sus gobernantes.
Es momento de que unos se dejen ayudar y que otros se comiencen a involucrar en lo que a fin de cuentas es cómo se gasta su dinero. Se han dado pasos importantes al respecto, principalmente en el ámbito municipal, pero aún hay mucho camino por recorrer.

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El primer escollo es demostrar que esta simbiosis es benéfica para todos, y que se traduce en una mejor calidad de vida. Parece sencillo, pero es sumamente complicado. Hay que vencer generaciones de inercia, en la que los políticos recibían o arrebataban el monopolio del gasto del recurso público; como sociedad, hay que prescindir de ese omnipresente villano que no sólo no nos paga, cuando somos sus proveedores, sino que malgasta nuestro dinero. Un cambio de mentalidad para este 2016. Un cambio de país.


Editor jefe de 8AM, empresa que facilita, abrevia y sistematiza la información local y su entorno para tener una proyección empresarial, personal y social; y acompaña a un grupo reducido de suscriptores especiales y ofrece un catálogo de servicios específicos de coaching para una mejor toma de decisiones.
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